Vergüenza es… robar
Esta semana elegí un título que no es de mi autoría, pero sí un concepto que llevo conmigo desde niño. Lo aprendí de mi abuelo materno y padre por elección. Además, es una de las 50 claves de mi libro.
Recuerdo que cuando tenía unos 12 años, mi abuelo me daba consejos constantemente. Muchas veces yo le decía que no haría tal o cual cosa porque me daba vergüenza. Él siempre respondía:
“Dany, vergüenza es robar… el resto son simplemente formas o herramientas para llegar a tus metas.”
¡Qué gran lección de vida me dejó el viejo! Creo que nunca imaginó el impacto que tendría en mí una frase tan simple y pragmática. Gracias a él, entre muchas otras enseñanzas, soy quien soy hoy, y siempre está presente en mis pensamientos.
Decidí escribir sobre este tema después de ver a muchas personas que, por diferentes motivos, dejan de hacer cosas que podrían cambiar sus vidas simplemente por una vergüenza mal entendida. Como resultado, terminan viviendo dentro de un mundo lleno de limitaciones que ellos mismos construyeron.
Hoy hablaré de dos casos específicos.
Desde que comencé con esta idea de escribir y motivar a la comunidad latina, recibo correos electrónicos de personas de muchos países de América. Hace unos dos años decidí asumir un reto: convertirme en mentor de algunos jóvenes que, por la forma en que me escribían, demostraban tener las virtudes necesarias para triunfar en la vida. La mayoría de esos jóvenes son personas humildes que viven en países donde muchas veces su peor enemigo termina siendo el propio sistema.
El primer paso fue ayudarlos a identificar cuál era realmente su principal obstáculo. Porque nadie puede ganar una guerra si no sabe quién es su verdadero adversario. Y no hablo de promover anarquías ni conflictos; eso no me interesa.
Luego comencé a ayudarlos a ganar más dinero o, en algunos casos, a generar ingresos por primera vez. El primer problema que encontré fue que muchos aceptaban ganar $4 dólares por hora mientras otros, viviendo en Estados Unidos, ganaban $14 por hacer trabajos similares.
Yo les explicaba algo muy simple: ninguna persona con salud, ganas de superarse y voluntad de trabajar debería conformarse con eso. Muchas veces, el problema no es únicamente el gobierno, la educación o las circunstancias. El verdadero problema es subestimarse y creer que uno no merece aspirar a algo mejor.
Lamentablemente, muchas veces repetimos modelos familiares. Si nuestros padres vivieron limitados económicamente, es común terminar creyendo que eso es normal y que nuestro destino debe ser igual.
Durante el entrenamiento, les sugerí algo que para muchos parecía una locura: renunciar a sus trabajos inmediatamente. Yo les garantizaba que, si seguían mis consejos, podrían ganar cinco veces más en muy poco tiempo.
Su primera tarea fue comenzar a trabajar como vendedores ambulantes. Por ejemplo, a algunos jóvenes les sugerí comprar juguetes de $1 al por mayor y venderlos en oficinas a $5. Si vendían solo cuatro juguetes por hora, ganarían $16 por hora. Fue motivador ver que algunos llegaron a vender cuatro juguetes en una sola oficina y más de 30 en un solo día.
Pero muchos otros no siguieron el consejo simplemente porque les daba vergüenza realizar ese trabajo.
Y ahí volvía la frase de mi abuelo: “¡Vergüenza es robar!”
Más vergüenza debería darte no tener dinero para vivir dignamente o esperar que un gobierno venga a rescatarte.
Lo repito hoy: le tengo más respeto al que entra a mi oficina a venderme algo que al gerente de un banco que lleva cinco años sentado en la misma posición sin crecer. Ese tipo de trabajo puede cambiarte la vida. Y lo más importante: en pocos meses podrías tener tu propio negocio y dejar de depender de otros.
Solo para darles otro ejemplo, uno de esos jóvenes vive en Venezuela, juntaba dinero toda la semana para poder ir los lunes a un locutorio y leer mi columna semanal. ¿Cree usted que alguien con esa actitud tiene posibilidades de triunfar? Por supuesto que sí. Por eso decidí ser su mentor, y no tengo dudas de que en algunos años sentiré orgullo y admiración por todo lo que logrará.
El segundo caso ocurrió hace unos meses, cuando me llamó un amigo al que no veía desde hacía más de dos años. Me dijo: “Daniel, quería verte hace tiempo, pero me daba vergüenza que supieras que me estaba yendo muy mal.” ¿Y sabe qué le respondí? ¡Vergüenza es robar!
A mí también me fue mal en la vida. Y quién sabe si algún día me volverá a ir mal. La vida constantemente nos pone pruebas, retos y momentos difíciles. Lo importante es enfrentarlos, aprender y seguir adelante. Luego le dije algo que considero fundamental: los amigos reales son los que estarán a tu lado cuando estás mal, no solamente cuando todo marcha bien.
Hay muchos otros motivos por los cuales las personas sienten vergüenza, pero no abusaré de este espacio. Solo espero que, a partir de hoy, usted elimine algunas limitaciones mentales y se atreva un poco más; y cada vez que el miedo, el orgullo o la inseguridad intenten frenarlo, recuerde las palabras de mi abuelo: “Vergüenza es robar.”
Le dedico la columna a la memoria de mi abuelo Isaac, que sé que descansa en paz.
¡Hasta la próxima semana!
Daniel Rutois
Motivador financiero & Negociador
www.HispanoExitoso.com